Qué bonito tener un lugar así... En Arcola, Illinois, una taza de café no es solo una taza, es una insignia de pertenencia. En la farmacia Errol, los lugareños explican la regla no escrita: bebe 100 vasos para ganarte tu nombre en el estante... Entonces espera tu turno. Las copas cuentan la historia del pueblo: el mecánico que ayudó a Lindbergh, el veterano cuya copa aún lleva una estrella, los habituales que todos reconocen. ¿Y el detalle que más impacta? Cuando mueres o te vas de la ciudad, te quitan la taza. En Arcola, una taza en la pared significa en silencio: sigues aquí.